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domingo, 21 de noviembre de 2010

Euforia #2

Tutto è semplice sai.


Hay que alcanzar la euforia y lo frenético continuamente. Sin parar.

Tras la euforia llega la calma. También la tranquilidad. Y la satisfacción. Si la euforia es un estado desmesurado de alegría y felicidad, lo frenético -el frenesí en sí- es un estado de exaltación; un delirio violento; un impulso; un ímpetu que no puede detenerse.

Liberarse.
No regirse por la mente.
No pensar en el ayer ni en el mañana.
Vivir el presente sin control.

Las lamentaciones no sirven de nada, son inútiles. Únicamente sirven los deseos y las pulsiones. Una sonrisa de complicidad, un simple abrazo, una intensa mirada y dos manos entrelazadas son el comienzo de algo eufórico y frenético. Todo ello representa una típica y banal muestra de afecto. No obstante, siempre hay más que dar. Entregarse por completo debería ser un dogma de fe.

Llegar hasta el final de la noche sin remordimientos, guiándonos sólo por el amor, desequilibrando nuestros cuerpos, compartiendo la respiración… sintiéndonos por un instante eternamente jóvenes y no mirar atrás.