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domingo, 18 de septiembre de 2011

Baco

Giro la cabeza y sigues ahí. No te has marchado. Sigues como te dejé: entre las sabanas, sin palabras, sin respiración, sin ropa.

Pensaba que te ibas a marchar, que buscabas una noche directa y pasional. Pero tu mano se encontraba en mi cadera y tus labios en mi oreja y sentir de nuevo tu cálido aliento me hizo perder la conciencia. Se me aceleró el pulso, la adrenalina salió disparada y el vaivén de besos, caricias y movimientos me hizo morder el cielo.

Las yemas de tus dedos en mi espalda, tu grito ahogado en mi garganta y, mientras tanto, tus pupilas negras fundidas con las mías. Los juegos de palabras se sucedían, pero yo sólo recuerdo tu boca. Tus labios rojos, carnosos, intensos. Tú suspirabas, yo te miraba, tú me tocabas, yo volaba.

Exhaustos y agotados convertimos a la cama en confidente, tu pecho se volvió mi almohada y yo me hice parte de ti. Tu olor reside en mi piel, tu tacto sigue en mi interior y tu sabor mezclado con mi saliva. Algo mágico, algo etéreo. Ultra sensorial, más allá del viento y la gravedad. Y tú, sigues a mi lado.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Bailando en la oscuridad

Noche. Música. Cuerpos. Movimientos. Sudores. Y agua fría… Las luces de la discoteca estaban apagadas pero la música sonaba. Sin inmutarme, yo seguía bailando, movía  mis pies y mis brazos, agitaba la cabeza, me revoloteaba el cabello, bailaba en la oscuridad. No era consciente de mi alrededor, mis amigos no estaban a mi lado. Me encontraba en algún lugar, perdido entre la multitud y la escasa visión que daban las luces de neón de la bola de espejos, ahora encendidas. Mis pantalones ajustados y mi camisa holgada me daban cierta sensación de libertad, sobre todo cuando sonaba algún éxito R&B.

El DJ, eufórico de éxtasis, nicotina y cocaína, acompañaba a su público gritando y saltando. Contemplándolo se encontraban tres chicas jóvenes deseosas de pasión, aceleración y poco freno de mano, que veían en él todas las posibilidades sexuales de la noche. “¡Qué bueno está!” pensaban. Pobre ilusas…
Cuando tocaron las cinco de la mañana llegó un nuevo pinchadiscos para sustituir al hombre actractivo y varonil que provocaba la locura a esas tres jóvenes. Ahora, el DJ con paso firme, seguro y mirada dilatada se abre paso entre la gente, visualiza a una chica morena que lleva un conjunto de tonalidades ocres y marrones, la toma entre sus brazos y la besa. Me besa a mí. Beso robado. Beso querido. Beso soñado. Él era mío.