Mostrando entradas con la etiqueta labios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta labios. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de septiembre de 2011

Baco

Giro la cabeza y sigues ahí. No te has marchado. Sigues como te dejé: entre las sabanas, sin palabras, sin respiración, sin ropa.

Pensaba que te ibas a marchar, que buscabas una noche directa y pasional. Pero tu mano se encontraba en mi cadera y tus labios en mi oreja y sentir de nuevo tu cálido aliento me hizo perder la conciencia. Se me aceleró el pulso, la adrenalina salió disparada y el vaivén de besos, caricias y movimientos me hizo morder el cielo.

Las yemas de tus dedos en mi espalda, tu grito ahogado en mi garganta y, mientras tanto, tus pupilas negras fundidas con las mías. Los juegos de palabras se sucedían, pero yo sólo recuerdo tu boca. Tus labios rojos, carnosos, intensos. Tú suspirabas, yo te miraba, tú me tocabas, yo volaba.

Exhaustos y agotados convertimos a la cama en confidente, tu pecho se volvió mi almohada y yo me hice parte de ti. Tu olor reside en mi piel, tu tacto sigue en mi interior y tu sabor mezclado con mi saliva. Algo mágico, algo etéreo. Ultra sensorial, más allá del viento y la gravedad. Y tú, sigues a mi lado.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Me tuve que marchar

Pobre de mí, qué tonto fui,
fui tan estúpido que te dejé partir.

Me engaño a mí mismo. Creía que tenía la valentía suficiente para enfrentarte, para librar la batalla definitiva: tus labios contra mis labios, tu pelo contra mi cara, mis ojos contra los tuyos. Pero no soy capaz de hacerlo. Soñé que tu mano me buscaba, que tu mirada me encontraba entre la multitud y que te acercabas hacía mí y me llevabas lejos.

Quería escapar contigo, huir de los focos y ser cómplices del viento. Imposible. Los focos te buscan, los flashes te persiguen, el viento me odia. Y no te escapas conmigo. Te escapas con el orgullo, con las rosas rojas y con las promesas rotas. Yo no te quiero para dos horas o tres semanas. Yo te quiero para siempre, para cada minuto y cada segundo.

Te dejo ir. No voy a buscarte. Abandono mis sueños, abandono mi valor. Rechazo tu boca, tu ropa y tu olor. No voy de tu mano y no me atrevo a quitarte el efímero placer que vas buscando. Yo no quiero destinos, yo busco infinitos.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Entre el alma y la piel


Ocurre cuando menos te lo esperas, cuando dejas de buscarlo y de obsesionarte. Simplemente sucede. Y es algo maravilloso. Vuelves a ilusionarte, a recobrar la esperanza, a sentir que todo va bien. Tocas el cielo, pruebas el paraíso, te bañas en oro, te sumes en un éxtasis de adrenalina cuando te cruzas con su mirada, esa conexión tan necesaria y tan mágica.

Sientes que la taquicardia y la aceleración son una constante; síntomas de amor. Y sólo porque estás a su lado, porque le coges la mano. Porque lo hueles, lo tocas, lo saboreas, te diluyes en sus labios, te evaporas cuando notas su tacto, te estremeces cuando escuchas su dulce voz susurrándote en silencio, despacito al oído, que siempre estará cuidándote. Porque pase lo que pase lo único que deseas es despertarte sabiendo que duerme a tu lado, que su perfecto cuerpo ahora es tuyo, que puedes estar horas entrelazando tus dedos con su cabello. Porque es una sensación inigualable, preciosa y fascinante. El tiempo se detiene en el acto.

No dejas de repasar su anatomía, de perderte en sus profundos ojos negros, de querer compartir con él momentos junto a la orilla del mar, de escuchar vuestros corazones latir al mismo compás. Nada va mal, todo funciona perfectamente. Alguien ha llamado a tu puerta y ha entrado en tu interior: en tus sentimientos y en tu corazón. Ahora mismo es parte de ti. Lo notas intrínseco, imprescindible y está justo ahí: entre el alma y la piel, el sitio exacto en el que nos desarmamos, en el que empezamos a entregarnos completamente.